viernes, 28 de agosto de 2009
68
Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos esasperantes. Cada vez que él procuraba relamar las incopelusas, se enredaba en grimado quejumbroso y tenía que envulsionarse de acara al nóvalo, sintiendo cómo poco a poco las arnillas se espejunaban, se iban apeltronando, reduplimiendo, hasta quedar tendido como el trimalciato de ergomanina al que se le han dejado caer unas fílulas de cariconcia. Y sin embargo eran apenas el principio, por que en un momento dado ella se tordulaba los hurgalios, consisitiendo en que él aproximara suavemente sus orfelunios. Apenas se entreplumaban, algo como un ulucordio los encrestoriaba, los extrayuxtaba, y paramovía, de pronto era el clinón, la esterfurosa convulcante de las mátricas, la jadehollante embocapluvia del orgumio, los esproemios del merpasmo en una sobrehumítica agopausa. ¡Evohé! ¡Evohé! Volposados en la cresta dle murelio, se sentían balparamar, perlinos y márulos. Temblaban el troc, se vencían las marioplumas, y todo se resolviraba en un profundo pínice, en niolamas de argutendidas gasas, en carinias casi crueles, que los ordopenaban hasta el límite de las gunfias.
Julio Cortázar, Rayuela.
Julio Cortázar, Rayuela.
jueves, 27 de agosto de 2009
Por hoy.
Para Juan, el mejor de todos, el mejor amigo.
I
El pescado rojo se aleja de la orilla, nada hacia lo profundo donde la penumbra me impedirá seguir su camino, los destellos de sus escamas brincan de un lado a otro inundándolo todo.
Entonces me quedo sola contemplando la neblina matutina, la siento pasar entre mis pies descalzos, la escucho susurrar. El clima templado me mantiene meditando a la orilla de este muelle, todo podría ser una pintura: estática, eterna, los tonos naranjas del amanecer, solo subliman mas el cuadro, la luz cae sobre los árboles del islote que se encuentra cruzando el río acentuando la oscuridad en su base.
La perfección que solo un sueño puede crear. Aquí todo me abandona, soy como agua dulce y cristalina, perdida entre sueños y alucinaciones entre la vida y la muerte. Respiro.
El vapor que desprende la corriente entra en mi.
II
Con el tiempo me aislé cada vez mas, ahora solo le doy la espalda al mundo, cuando me giro por curiosidad veo caer cortadoras industriales sobre los que fueron mis amigos, los lijan hasta que entran en los moldes, los acomodan en cajas, el código de barras cae como sentencia final.
Quisiera ayudarlos pero nada me asegura que al salir del cuadro podré regresar…
Dentro del cuadro estoy segura: a mi espalda el mundo exterior, las desgracias inminentes, yo sobre el muelle, de frente el río, del otro lado el islote. No se que hay allá; sin embargo conozco lo que me espera si retrocedo.
En un momento de valentía eh decidido cruzar. Para llegar necesito transporte y para encontrar el adecuado tengo que conocer lo caudaloso del río, evaluar mis posibilidades… de nuevo a presionarme.
No me puedo quedar quieta, una de las razones por las que vine es que siempre me quise mover, no me pude quedar nunca a disfrutar, me autoexilio. Vine a darme tiempo dejarme ir, ser, morir y vivir. La verdad, yo no se.
Un día tal vez despertare y al despertar recordare mis compromisos, siempre esperando el silencio del alma que acompaña las mas dulces e internas ilusiones reflejadas en imágenes libres, personajes profundos encerrados en un mundo de simbolismos secretos, los cuales solo el alma propia podrá, con suerte, un día descifrar.
I
El pescado rojo se aleja de la orilla, nada hacia lo profundo donde la penumbra me impedirá seguir su camino, los destellos de sus escamas brincan de un lado a otro inundándolo todo.
Entonces me quedo sola contemplando la neblina matutina, la siento pasar entre mis pies descalzos, la escucho susurrar. El clima templado me mantiene meditando a la orilla de este muelle, todo podría ser una pintura: estática, eterna, los tonos naranjas del amanecer, solo subliman mas el cuadro, la luz cae sobre los árboles del islote que se encuentra cruzando el río acentuando la oscuridad en su base.
La perfección que solo un sueño puede crear. Aquí todo me abandona, soy como agua dulce y cristalina, perdida entre sueños y alucinaciones entre la vida y la muerte. Respiro.
El vapor que desprende la corriente entra en mi.
II
Con el tiempo me aislé cada vez mas, ahora solo le doy la espalda al mundo, cuando me giro por curiosidad veo caer cortadoras industriales sobre los que fueron mis amigos, los lijan hasta que entran en los moldes, los acomodan en cajas, el código de barras cae como sentencia final.
Quisiera ayudarlos pero nada me asegura que al salir del cuadro podré regresar…
Dentro del cuadro estoy segura: a mi espalda el mundo exterior, las desgracias inminentes, yo sobre el muelle, de frente el río, del otro lado el islote. No se que hay allá; sin embargo conozco lo que me espera si retrocedo.
En un momento de valentía eh decidido cruzar. Para llegar necesito transporte y para encontrar el adecuado tengo que conocer lo caudaloso del río, evaluar mis posibilidades… de nuevo a presionarme.
No me puedo quedar quieta, una de las razones por las que vine es que siempre me quise mover, no me pude quedar nunca a disfrutar, me autoexilio. Vine a darme tiempo dejarme ir, ser, morir y vivir. La verdad, yo no se.
Un día tal vez despertare y al despertar recordare mis compromisos, siempre esperando el silencio del alma que acompaña las mas dulces e internas ilusiones reflejadas en imágenes libres, personajes profundos encerrados en un mundo de simbolismos secretos, los cuales solo el alma propia podrá, con suerte, un día descifrar.
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